Blog sobre educación

Mes: julio 2022

Diario del alumnado y rúbrica de un solo punto, para evaluar sin calificar

En ocasiones se ha confundido la evaluación con la «nota», cuando la realidad es que toda calificación es evaluativa, pero no toda evaluación califica. La evaluación debe servir para que el alumnado pueda regular su aprendizaje, de forma que sea consciente de lo que debe mejorar o rectificar y de lo que ya ha conseguido. Una nota, sea numérica o cualitativa (en realidad las diferencias entre ambas no existen, ya que podemos transformar una en otra con un simple algoritmo), aporta una información muy parcial y poco enriquecedora, que muchas veces no va mucho más allá de un «debe estudiar más», «debe dedicar más tiempo a trabajar la asignatura» o cualquier consideración generalista similar.

En el proceso evaluativo la información que el alumnado debe tener sobre ella toma un protagonismo primordial. Para que el alumnado pueda saber cómo es su aprendizaje debe tener información sobre este. Si queremos que la evaluación sea efectiva (formativa y formadora), los aprendices deben recibir información antes y después de realizarla.

  • Antes de la evaluación:
    • El alumnado debe tener conocimiento de los objetivos de lo que será evaluado, es decir, qué se pretende que consigan.
    • Debe saber los criterios de corrección, es decir, de qué forma queremos que logren lo que será evaluado.
  • Después de la evaluación:
    • Lo más importante es la retroalimentación que recibe el alumnado del proceso evaluativo. Esta retroalimentación llegará principalmente del profesorado (evaluación del profesor) pero también de los compañeros (coevaluación) y de uno mismo (autoevaluación). En la retroalimentación se debe incidir en dos aspectos, el primero de ellos es destacar en lo que debe ser mejorado y el segundo es poner de manifiesto lo que ya se ha logrado.

Cómo hacer la retroalimentación

El conocimiento de los objetivos del aprendizaje y los criterios de evaluación son sencillos de efectuar, ya que de una forma u otra siempre los tenemos presentes. Sin embargo, la retroalimentación puede ser más complicada.

Siempre que evaluemos (preguntas, producto final, exposición, observación directa, entrevista con el alumno, etc.) debemos dar una retroalimentación escrita que pueda ser de utilidad para la autorregulación de quien la recibe y para la toma de decisiones sobre el aprendizaje por quien la hace. En su forma más básica pueden ser apuntes textuales redactados a mano, por ejemplo en el margen de un examen. Si usamos medios digitales, deberemos utilizar los mecanismos de retroalimentación que todos tienen. En cualquiera de los dos casos haremos énfasis en decir lo que se ha logrado y lo que se debe mejorar.

Si cambiamos de nivel, las rúbricas (y otras herramientas de evaluación similares) también dan información al alumnado acerca de sus progresos, puesto que tienen por escrito los criterios y en qué medida los han obtenido. Pero sin duda lo más útil, tanto para el alumno como para el profesor, son los informes textuales sistematizados de las diferentes fases del aprendizaje. Esto último se puede conseguir con un par de herramientas como el diario del alumnado y las rúbricas de un solo punto.

El diario del alumnado

Llevado a cabo por el profesorado, tiene función principalmente formativa. Este diario contiene la observación sistemática del alumno a lo largo del tiempo, donde se irán anotando los progresos y aspectos a mejorar de cada uno. A falta de software especializado, esto se puede hacer en una hoja de cálculo. Poniendo en las columnas los días y en las filas los alumnos. Cada día podemos hablar con algún alumno en particular, observarlo detenidamente o aprovechar las interacciones que tenemos con él en clase para ver cómo va su trabajo y tomar las notas oportunas.

El alumno que es evaluado con este tipo de rúbrica recibe mucha más información que con cualquiera de las otras herramientas de evaluación, puesto que se especifican por escrito de forma personalizada, los aspectos que afectan al alumno.

Diario del alumnado. Elaboración propia. Ejemplo ficticio de un diario de alumnos hecho con una hoja de cálculo. Todos los días se intenta anotar información sobre algún alumno. El uso de un sistema de colores puede ayudar a centrarse en aquellos que necesitan más atención

ACLARACIÓN:
El diario de alumnos no debe ser confundido con el registro anecdótico, que se define como:

Un informe que describe hechos, eventos o situaciones concretas que se consideran importantes para un grupo, y da cuenta de sus comportamientos, actitudes, intereses o procedimientos.

Técnicas e instrumentos de recolección de información: análisis y procesamiento realizado por el investigador cualitativo

El registro anecdótico se encamina sobre todo a hechos significativos o que salen de la normalidad; en cambio, el diario del alumnado es un registro sistemático de los progresos de los alumnos en el proceso de aprendizaje.

El diario del alumnado no debería darse a conocer directamente a los alumnos, en este caso la retroalimentación consistirá en utilizar la información recopilada para orientar al alumno en su progreso.

Rúbricas de un solo punto

Tienen función evaluadora formativa y formadora. Constan de unos objetivos que el alumnado debe conseguir y sobre ellos se escribe lo que hay que mejorar y lo que se ha conseguido. Empleadas selectivamente y con sensatez pueden ser un mecanismo evaluador muy valioso.

Este tipo de rúbricas son una modificación de las rúbricas analíticas convencionales. La rúbrica de un solo punto es especialmente adecuada para la evaluación sin calificación. Son rúbricas donde únicamente se indica el nivel experto (el más alto) y en lugar de seleccionar el grado de consecución deben escribirse los puntos a mejorar y los puntos ya alcanzados, por lo que es idónea para la evaluación formativa, formadora y diferenciada.

Rúbrica de un solo punto para evaluar el trabajo en equipo. En la columna central se indican los objetivos y en la izquierda y derecha se escriben los aspectos a mejorar y los ya conseguidos. Elaboración propia.

Este tipo de rúbrica puede realizarse como evaluación del profesorado o como autoevaluación por parte de los alumnos. Recomendamos utilizarlas desde una hoja de cálculo donde cada página tendrá una copia para cada alumno, aunque hay soluciones automatizadas. Esta rúbrica es la que más tiempo consume por el profesorado, ya que debe redactarse un informe para cada uno de los evaluados. Por este motivo no puede ser el único tipo de evaluación y debe ir compaginándose con el resto.

El resultado de esta rúbrica, una vez completada, puede (y debe) ser dado a conocer al alumnado.

Calificación

La evaluación es un proceso que comprende todo el proceso de aprendizaje, mientras que la calificación (asignación alfanumérica que caracteriza al alumno) es un hecho puntual y habitualmente final y sumativo. Aunque cada vez pierde mayor importancia en el proceso evaluativo, la calificación es necesaria como medida certificadora que constata que se han logrado unos determinados objetivos. Sobre la calificación no es necesario hablar mucho más, ya que durante décadas es casi el único tipo de retroalimentación que han recibido los alumnos, por lo que hay experiencia sobrada.

Fuentes

Identificadores digitales de objetos electrónicos (DOI) aplicados a la creación de recursos educativos abiertos (REA)

El identificador de objeto digital, DOI, por sus siglas en inglés: Digital Object Identifier, es un código alfanumérico que identifica de forma única un recurso digital en Internet.

El identificador DOI puede aplicarse a un artículo publicado en una revista científica, un documento que hemos creado para nuestras clases, un vídeo, la imagen de un mapa conceptual y, en general, para cualquier objeto digital que se puede desarrollar a través de Internet.

Un DOI es semejante a este par de ejemplos reales: 10.21503/hamu.v8i2.2294, 10.5281/ZENODO.6848851. Donde la parte que precede a la barra diagonal «/» identifica la autoridad que ha emitido el identificador y la que sigue es la identificación del objeto (el documento, sonido, imagen, etc.). La autoridad que emite el DOI pude ser una editorial, universidad, gobierno o una organización sin ánimo de lucro, entre otros.

Logo de DOI

Si queremos ver el recurso asociado a un DOI particular podemos acceder a la web del organismo internacional que se encarga de la gestión de los DOI (https://doi.org) y pegar un DOI en el campo Resolve a DOI Name, esta acción nos llevará directamente al recurso en Internet. También podemos añadir el código a la dirección anterior, por ejemplo: https://doi.org/10.21503/hamu.v8i2.2294, lo cual nos conduce también al recurso, pero sin pasar por la web de DOI. Aunque la mayoría de las veces los autores ya nos proporcionan el DOI con el enlace completo en el interior del recurso.

¿Y para qué queremos un DOI si probablemente ya lo tenemos colgado en Internet con su propia dirección?

Para empezar el recurso se almacena en el servidor de la autoridad que hemos usado para crearlo, por lo tanto, seguirá estando allí aunque cambiemos la dirección del blog o la web que hayamos usado para publicar nuestro REA. Esto nos asegura la persistencia del recurso, algo realmente complicado en el cambiante mundo de Internet.

Por otro lado, el identificador es único, eso significa que si lo cambiamos (o el recurso ajeno que estamos usando ha sido cambiado) siempre podremos acceder a la versión que nos interesa.

Los recursos que hayamos subido al servidor de la autoridad escogida (Zenodo en nuestro caso y de la que hablaremos a continuación) nos sirve, además, como un repositorio donde salvaguardar nuestros archivos, conservando el histórico de versiones.

¿Cómo obtengo un DOI para mi recurso educativo?

Afortunadamente, existe Zenodo (https://zenodo.org), un repositorio de datos del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) que trabaja conjuntamente con el proyecto europeo OpenAIRE, ambos apoyan la ciencia y el conocimiento libre. Podremos subir nuestros recursos a Zenodo de forma gratuita con un límite de 50 GB por archivo. Al subirlo se asigna un DOI y cuando nos interese podremos actualizar el recurso, momento en el que se añadirá un nuevo DOI para el recurso que acabamos de incorporar. En este caso dispondremos de acceso a todas las versiones, cada una con su identificador único. Además, se proporciona otro DOI adicional que conduce siempre a la última versión, aunque en el futuro conducirá al listado de todas las versiones de nuestro recurso, tal como explican en su web.

Para utilizar Zenodo deberemos registrarnos y pulsar el botón New upload con el que accederemos a una página desde la que podemos subir nuestro recurso, que puede constar de uno o más archivos, y rellenar los datos que nos piden, como el tipo de recurso, la fecha de publicación, autores, descripción, etc. Podemos limitarnos a los campos marcados como obligatorios. Una vez completado, pulsaremos el botón Save y después Publish, para que se le asigne un DOI y el recurso quede a disposición de los usuarios en Internet.

Pueden verse más ejemplos examinando la lista de recursos que, de momento, tengo publicados allí. Esta última página web, donde no todo consta de un DOI, corresponde a ORCID, otro servicio que también proporciona un identificador único, pero esta vez para personas creadoras de recursos (investigadores, profesores, estudiantes, etc.). ORCID y DOI van de la mano y están íntimamente relacionados, pero de esto hablaré en el próximo artículo.

Conclusiones

En una época donde el profesorado se ha convertido en un creador de recursos educativos (REA), se hace necesaria la existencia de un sistema donde fácilmente puedan recopilarse y referenciarse las creaciones que tanto trabajo llevan. Zenodo ofrece una forma sencilla y gratuita de poner a disposición de otros docentes nuestro propio trabajo.

Fuentes:

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