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EdiMarkWeb: escribir en Markdown y convertir a cualquier formato

La preparación de materiales suele exigir un mismo contenido en formatos distintos: el documento de Word que pide el departamento, el PDF que se entrega al alumnado y, en ocasiones, la página web del aula virtual. Cuando el texto incluye fórmulas, la conversión de un formato a otro deja de ser inmediata y obliga a repasar y rehacer el resultado en cada paso.

EdiMarkWeb es un editor de Markdown pensado para ese trabajo: se escribe una sola vez, o se pega directamente lo que ha respondido un chatbot, se ve el resultado mientras se escribe y se exporta a DOCX, ODT, EPUB, HTML, LaTeX o PDF según convenga. Funciona en el navegador, sin instalar nada, y también como aplicación de escritorio para Linux, Windows y macOS. En los dos casos el documento no sale del equipo: no hay cuentas, ni servidores, ni subida de archivos a ningún sitio.

Pódcast del artículo realizado por Gemini Notebook

Markdown y los dos editores

Markdown es texto corriente con unas pocas marcas: almohadillas para los encabezados, asteriscos para la negrita, guiones para las listas. Se aprende en unos minutos y tiene una ventaja de fondo: el archivo es texto plano, de modo que se abre en cualquier ordenador, también dentro de veinte años, sin depender de la versión del programa con que se escribió.

La pantalla se divide en dos paneles. A la izquierda, el editor Markdown, con el texto y sus marcas. A la derecha, el editor visual, con el documento ya compuesto. Los dos están sincronizados y los dos se pueden editar, de modo que se puede corregir sobre el texto acabado, como en un procesador, y ver cómo cambia el Markdown de la izquierda. La barra de herramientas cubre lo habitual (encabezados, listas, citas, enlaces, imágenes, tablas, bloques de código) y trabaja en cualquiera de los dos.

Bajo los paneles, una barra de estado reúne lo que se consulta a diario: el número de caracteres y palabras, el idioma del documento, un resumen de cómo va a salir (tamaño de letra, tipo e interlineado), la lupa y los tres botones que reparten la pantalla entre un panel, los dos o el otro.

Los documentos se organizan en pestañas, cada una con su archivo, y se guardan solas: si se cierra el navegador por accidente, al volver está todo. Y si queda algo sin guardar, avisa antes de cerrar la pestaña.

El Markdown de la IA, directamente al documento

Esta es la función con la que nació el programa y sigue siendo la más utilizada. Al copiar la respuesta de un chatbot y pegarla en un procesador de textos, lo que aparece es un texto lleno de asteriscos y almohadillas. Las fórmulas llegan además como el código que son, \frac{-b \pm \sqrt{b^{2}-4ac}}{2a}, y no compuestas. El contenido es correcto, pero no se puede entregar en ese estado.

La causa es que las inteligencias artificiales responden en Markdown, con las fórmulas escritas en LaTeX. Es su formato nativo, aunque el chat lo presente ya compuesto. Al copiar, lo que viaja son las marcas, y el procesador de textos no sabe qué hacer con ellas.

EdiMarkWeb interpreta ese formato. Se copia la respuesta del chat, se pega en el panel izquierdo y en el derecho aparece el documento terminado: los encabezados como encabezados, las listas como listas, las tablas como tablas y las fórmulas compuestas. De ahí sale ya un DOCX, un ODT o un PDF listos para entregar.

El pegado admite algo más que texto plano. El botón Pegar de la barra de herramientas, o el habitual Ctrl+V, reconoce también el contenido enriquecido que se copia de una página web o de un documento de Word, y lo convierte a Markdown, así como las imágenes copiadas al portapapeles, que quedan incrustadas en el documento. Y para las respuestas que vienen en LaTeX completo, con su preámbulo y su \begin{document}, está Archivo → Pegar LaTeX (Ctrl+Mayús+V), que las convierte en un documento editable.

En la práctica, la conversación con la IA deja de quedarse en el chat y se convierte en material de trabajo (los ejercicios resueltos, el examen, los apuntes de un tema) guardado en un archivo propio, en el ordenador, y en el formato que haga falta.

La vista previa compone la página real

El cambio más visible de las últimas versiones está en el panel derecho, que ha pasado de mostrar una aproximación del documento a componer la página tal como se va a imprimir. La hoja mide lo que mide un A4 o una Carta y el texto se reparte en páginas, con su separación entre una y otra. El corte cae siempre entre dos bloques, nunca a media línea, como en un procesador de textos.

El aumento se aplica a la página completa, con sus márgenes, en lugar de reordenar el texto, de modo que el reparto se conserva. Un interruptor con forma de cadena vincula además el ancho del panel y el aumento en los dos sentidos: al apartar el separador la hoja crece, y al modificar la lupa es el separador el que se retira para dejarle sitio. La página se ve así siempre entera, sin barra de desplazamiento horizontal.

El reparto es exacto para el PDF y para la impresión, que se generan a partir de esta misma hoja.

Las fórmulas

Las fórmulas se escriben en LaTeX entre delimitadores, y se admiten los cuatro habituales: \(...\) y $...$ para las que van dentro de una línea, \[...\] y $$...$$ para las que van aparte. Los dos primeros son los recomendados, porque el dólar también aparece en el texto por sus propios motivos y ahí puede confundirse con el principio de una fórmula. La vista previa las compone al momento con KaTeX, mientras se escribe. Hay tres maneras de ponerlas: el menú de fórmulas del editor Markdown, que inserta los delimitadores sin tener que recordarlos; una ventana propia en el editor visual, que muestra el código y el resultado a la vez y avisa del error si lo hay; y EdiCuaTeX, el editor visual de ecuaciones, para quien no domine la sintaxis.

Los formatos de entrada y de salida

Editores de Markdown hay muchos. Lo que distingue a EdiMarkWeb son los formatos que admite al abrir un documento y los que produce al exportarlo.

Lo que entra. Además de los archivos Markdown, se pueden abrir documentos de Word (.docx), de LibreOffice (.odt), libros digitales (.epub), páginas web (.html) y documentos LaTeX (.tex), que se convierten a Markdown al abrirlos. Las imágenes de los DOCX, ODT y EPUB se extraen del propio archivo, de modo que no se pierden, y de un EPUB vuelve además el idioma, que el libro guarda en su envoltorio y no en el texto. Los archivos se pueden arrastrar sobre la ventana, incluso carpetas enteras: cada documento compatible se abre en su pestaña y lo demás se ignora.

Lo que sale. Del mismo documento se obtiene un DOCX para quien trabaja con Word, que es también el formato con el que Google Docs importa y exporta, de modo que el mismo archivo sirve para los dos, un ODT para LibreOffice, un EPUB que se lee en cualquier lector de libros electrónicos, una página web autónoma (con los estilos y las fórmulas dentro del propio archivo, lista para subir a un servidor) o un .tex preparado para compilar. Y el PDF, que es la sexta salida del menú: abre el diálogo de impresión del sistema, donde se elige «Guardar como PDF» como destino. Lo que sale es exactamente lo que se ve en la hoja, con las fórmulas compuestas, los márgenes del documento y el texto seleccionable y buscable.

En la barra de arriba, junto al icono de guardar, hay además dos botones que repiten de un clic el último formato usado, y lo dicen en un rótulo pequeño: uno exporta a un archivo y el otro copia al portapapeles.

Lo que no llega a ser archivo. El botón de copiar hace lo mismo que Exportar con otro destino, el portapapeles, y ofrece cuatro formatos: Markdown, HTML, LaTeX y LaTeX completo. El útil para el trabajo diario es el HTML, porque pega el documento con su formato en Word, LibreOffice, Google Docs o el correo, con los encabezados, las negritas, las listas y las tablas ya compuestos, sin pasar por ningún archivo intermedio. Dos advertencias: las fórmulas se pegan como texto, así que para llevarlas como ecuaciones hay que exportar a DOCX u ODT, y las imágenes solo viajan si están incrustadas en el documento.

Citas y bibliografía

Las citas y la bibliografía son la incorporación más reciente y amplían el uso del programa más allá de la preparación de materiales de clase: sirven igualmente para una memoria, un artículo o un trabajo de fin de grado.

Se carga una biblioteca en BibTeX (.bib) o CSL JSON (.json), los dos formatos que exportan Zotero, Mendeley y Google Académico, y a partir de ahí las citas se insertan desde un cuadro que busca por autor, título, año o clave. Quien no tenga todavía una biblioteca puede cargar la de ejemplo, con siete referencias completas, o escribir las suyas a mano: el formulario admite artículos, libros, capítulos, informes, páginas web, tesis y comunicaciones, con los campos propios de cada tipo, y la clave de cita se genera sola con el apellido, el año y una palabra del título.

En el texto queda una marca corta, [@freeman2014active], y de ella salen la cita compuesta y la lista de referencias del final, ordenada por apellidos. El estilo inicial es APA 7; también hay Chicago autor-fecha, MLA 9 e IEEE, y se puede cargar un archivo CSL propio, que es como se ajustan las normas de una revista o de una universidad concreta.

Al guardar, la biblioteca y el estilo se copian junto al documento, en su carpeta, y quedan declarados dentro del archivo. Es lo que permite abrir el mismo trabajo en otro ordenador y que las citas se compongan igual.

Cada documento, con su formato

Los ajustes de salida están reunidos en Configuración → Opciones generales…, que es lo que antes se llamaba opciones de exportación. Son cinco pestañas: los datos y el índice (idioma, autor, numeración de apartados, profundidad), el texto y la página, la portada del EPUB, las citas y, para quien use LaTeX, la clase del documento, sus opciones y un preámbulo propio.

La pestaña de texto y página reúne lo que suele obligar a retocar el documento una vez exportado: la alineación, el tipo y el tamaño de letra, el interlineado, el tamaño de papel, la orientación, los márgenes de los cuatro lados, la sangría de primera línea y la partición de palabras con guion. Se aplica a la hoja que se está viendo y a todos los formatos de salida, de modo que el DOCX y el ODT salen ya con la caja y la tipografía que se quieren.

No es necesario que todos los documentos compartan esos ajustes. Cada uno puede llevar los suyos, junto con su idioma, su autor y su decisión sobre el índice, en el cuadro Opciones de este documento, que se abre desde la propia barra de estado. Se guardan dentro del archivo, en unas líneas de metadatos al principio, así que viajan con él: un manual quiere índice numerado y una nota de dos párrafos no, y cada uno lo lleva escrito.

Un detalle que suele dar problemas es el idioma. Cada documento puede llevar el suyo, guardado dentro del propio archivo, y todos los formatos de salida lo declaran. Eso es lo que evita que Word y LibreOffice subrayen en rojo un texto castellano por corregirlo en inglés, y lo que hace que LaTeX parta bien las palabras.

Las imágenes y la carpeta del documento

Una imagen se puede insertar de dos maneras: incrustada en el propio archivo, que se vuelve autónomo pero mucho más pesado, o con ruta relativa, que es lo recomendado y lo que hace cualquier editor de Markdown. En ese caso el documento y sus imágenes viajan juntos: al guardar mi-archivo.md se crea al lado una carpeta mi-archivo con las imágenes dentro y, si hay bibliografía, también con ella y con el estilo. Basta conservar los dos para llevarse el trabajo a otro ordenador.

Bajo el editor Markdown, una lista reúne todas las imágenes del documento, las incrustadas y las enlazadas. Desde ahí se ven, se reemplazan (por una del disco, del portapapeles o de una dirección web) y se quitan del texto, y las enlazadas se pueden incrustar. Existe también la operación inversa: las incrustadas se extraen del archivo y quedan como imágenes dentro de la carpeta.

En la aplicación de escritorio las imágenes con ruta relativa se encuentran solas. En el navegador no, porque ninguna página puede leer una carpeta sin permiso: aparece un aviso con un botón para señalarla y, hecho una vez, se ven todas.

En el navegador o instalado

La versión web no necesita instalación y basta para la mayoría de los casos. La aplicación de escritorio, para Linux, Windows y macOS, es la misma (los mismos menús, los mismos atajos, los mismos formatos) y añade lo que solo puede hacer un programa instalado: abrir los archivos .md con doble clic, guardar sobre el documento original sin pasar por la carpeta de descargas, usar el corrector ortográfico del sistema y funcionar sin conexión, porque lleva dentro las herramientas de conversión. También avisa cuando hay una versión nueva y la instala.

En el navegador, con todo, guardar ha dejado de ser una descarga: Chrome y Edge abren el diálogo del sistema para elegir el nombre y la carpeta, y recuerdan el archivo, así que la siguiente vez Ctrl+S escribe encima como en la aplicación de escritorio. Firefox todavía no admite esa forma de guardar y sigue descargando el archivo.

EdiMarkWeb es software libre, con licencia AGPL v3, y su código está en GitHub, junto con los instaladores de la aplicación de escritorio y el manual de uso, disponible también dentro del programa con F1.

Límites conocidos

Conviene tener presentes algunas limitaciones antes de emplearlo en un trabajo extenso. El índice de un DOCX o un ODT es un campo que calcula el procesador de textos, así que el documento se abre con la lista de apartados pero sin números de página hasta que se actualiza (en Word, botón derecho sobre el índice y Actualizar campos). En el EPUB los márgenes son una sugerencia, porque manda el lector de libros. La partición de palabras necesita los diccionarios de guiones del sistema. Y el reparto en páginas que se ve en pantalla es exacto para el PDF y la impresión, pero solo orientativo para Word y para LaTeX, que componen las líneas a su manera.

Para qué sirve en la práctica

El destinatario natural es el profesorado que prepara materiales con fórmulas y los tiene que entregar en formatos distintos: los apuntes en PDF, el examen en Word para el departamento (o en Google Docs, que abre ese mismo archivo), la misma unidad convertida en página web para el aula virtual y, si se quiere, en libro digital para leerlo en una tableta. Todo eso sale de un único archivo de texto que se puede corregir el curso que viene sin volver a maquetar nada. Con la bibliografía se añade un trabajo que hasta ahora se hacía en otra parte: la memoria, el artículo o el trabajo de fin de grado, con sus citas y su lista de referencias en la norma que se exija.

Sirve también para lo contrario: recuperar el material que ya existe. Un documento de Word de hace años se abre aquí, se convierte en texto limpio y vuelve a salir por el formato que se necesite. Y, sobre todo, para conservar lo que ha respondido la inteligencia artificial, en un archivo propio y en un formato que se pueda entregar.

Vídeo del artículo realizado por Gemini Notebook

Nota: Este artículo tiene nivel 5 en el Marco para la integración de la IA generativa.

Convertir una imagen o PDF en una ficha interactiva hablando con la IA

Hacer una ficha interactiva a partir de un PDF tiene dos partes. Una es decidir qué se pregunta. La otra es colocar los campos: abrir el documento, dibujar una caja encima de cada línea de puntos, ajustar el tamaño, escribir la solución, repetirlo veinte veces y descubrir al final que un campo tapa el enunciado siguiente.

Desde la versión 1.29, OpenWorksheets puede hacer ese trabajo por nosotros. No con un botón dentro de la aplicación, sino desde la conversación con la inteligencia artificial que ya usemos: se le dice dónde está el PDF y ella lo abre, lee la página, coloca los campos donde tocan, mira cómo ha quedado y guarda la ficha lista para abrir en el editor. Y no solo convertir: si no partimos de ningún documento, podemos pedirle la ficha entera sobre un tema, y la escribe sobre hojas en blanco.

«Convierte en ficha interactiva de OpenWorksheets este PDF: energia.pdf»

Este artículo explica qué es lo que hace posible eso (un servidor MCP), qué se le puede pedir, qué hace falta para instalarlo y, sobre todo, dónde están sus límites, que los tiene.

Pódcast del artículo realizado por Gemini Notebook

Qué es un servidor MCP

Una IA de las de conversar sabe redactar preguntas, pero no puede abrir un archivo de nuestro disco ni escribir uno. Vive dentro de su ventana de chat. El MCP (Model Context Protocol, «protocolo de contexto del modelo») es el estándar que le da manos: un programa pequeño que se instala en el ordenador y le ofrece a la IA una lista de operaciones concretas que puede ejecutar.

El servidor MCP de OpenWorksheets ofrece las operaciones propias para fabricar una ficha: abrir un PDF, leer el texto de una página con las coordenadas de cada línea, colocar campos de respuesta, tapar una zona, ver el resultado y guardar el paquete .owpkg. La IA decide qué preguntar y dónde ponerlo; el servidor hace el trabajo material y le dice cuándo se está equivocando.

Que sea un programa local tiene una consecuencia práctica: el archivo no se sube a ningún servicio. El PDF se abre en nuestro ordenador, las páginas se dibujan ahí y la ficha se guarda ahí, sin pasar por ninguna web de conversión.

Conviene no confundir eso con privacidad total, porque no lo es. La IA con la que hablamos sí ve el contenido: para colocar los campos necesita el texto de las páginas, y para comprobar el resultado necesita mirar la imagen de la ficha. Ambas cosas viajan a los servidores de quien preste el servicio (Anthropic, OpenAI, Google, etc.), igual que si pegásemos el documento en el chat. Con datos personales del alumnado, o con material que no deba salir del centro, hay que tenerlo presente. La única forma de que no salga nada es usar un modelo que corra en el propio ordenador, con LM Studio, aunque de momento lo usa muy poca gente, sobre todo porque necesita de un ordenador muy potente para poder funcionar de forma fluida.

Formas de hacer una ficha

Sobre un documento propio. Es el caso para el que nació. Partimos de un PDF o de una imagen (un examen antiguo, una ficha fotocopiada, un esquema) y los campos se colocan encima, cada uno en su sitio, respetando el diseño original. El alumnado ve el documento de siempre, pero relleno de huecos que podrá completar y que se corrigen solos.

Desde cero, sobre hojas en blanco. Le decimos el tema, el nivel y cuántos ejercicios, y la ficha se escribe entera: enunciado, campo de respuesta, separación y salto de página cuando hace falta. Es lo mismo que ya permitía la opción Crear una ficha con IA de la aplicación, la de copiar un prompt y pegar la respuesta, pero sin copiar ni pegar nada y con una diferencia importante: el servidor valida el formato sobre la marcha, así que si algo viene mal, la IA se entera al momento y lo corrige, en lugar de entregarnos un archivo que no abre.

Las dos formas se mezclan: se puede partir de un PDF y añadir al final tres preguntas nuevas sobre hoja en blanco.

La vista previa es lo que lo hace fiable

Una IA colocando cajas sobre una página, a ciegas, se puede equivocar. Si pone el campo dos centímetros por debajo de donde iba, tapa media palabra del enunciado, deja a la vista la solución impresa en el margen. Por eso el paso importante no es colocar, sino comprobar: el servidor monta la página con el mismo visor que verá el alumnado y le devuelve a la IA una captura de cómo ha quedado, con el contorno y el número de cada campo dibujados encima. Con esa imagen delante, la IA corrige lo que esté desplazado antes de guardar nada.

Qué se le puede pedir

Todo en lenguaje normal, en la conversación, sin tocar la aplicación:

  • «Convierte en ficha interactiva de OpenWorksheets este PDF»
  • «Crea una ficha interactiva de OpenWorksheets con 10 ejercicios y nivel de 1.º de ESO sobre la célula»
  • «El ejercicio 5 prefiero que lo cambies por una pregunta de respuesta múltiple, en lugar de verdadero o falso»
  • «Tapa las soluciones que están impresas al pie de la página»
  • «Enséñame la página 3 antes de guardar»

Los tipos de campo que sabe colocar son casi todos: respuesta corta, numérica, fórmula, respuesta larga, opción única y múltiple, desplegable, verdadero/falso, huecos en el texto, huecos dibujados sobre el documento, casillas, tabla editable, emparejar, ordenar, arrastrar a zonas y grabación de voz.

Qué hace falta

1. Una IA instalada en el ordenador. Esto no se puede hacer desde la web de ChatGPT, de Claude ni de Gemini: el navegador no puede instalar ni ejecutar nada en nuestro equipo. Hacen falta las aplicaciones de escritorio o herramientas de terminal como Claude Code o Codex CLI. Y en las aplicaciones de escritorio de ChatGPT y de Claude no vale el chat de siempre: hay que pedírselo desde su pestaña de código (Codex en ChatGPT, Claude Code en Claude), que es la parte que puede trabajar con archivos y programas. También sirven LM Studio, Antigravity, Cursor y VS Code.

2. Node.js 18 o superior y un navegador basado en Chromium (Chrome, Chromium o Edge). Node es lo que ejecuta el servidor; el navegador, que trabaja sin abrirse ni verse, es lo que dibuja las páginas del PDF y monta la vista previa. Es probable que ya estén instalados; si falta alguno, la propia IA puede encargarse de instalarlo o guiarnos en el proceso.

3. El servidor, instalado una sola vez. Hay que destacar que no lo instalamos nosotros, lo instala la IA. En el editor de OpenWorksheets, en Archivo → Crear o convertir fichas con IA (MCP), hay un prompt para copiar y pegarle en su chat. Ella descarga la carpeta, la registra en su propia configuración y comprueba que responde. Claude Code, Codex CLI, la aplicación de escritorio de ChatGPT, Antigravity, Cursor y VS Code lo pueden hacer; LM Studio no puede tocar su configuración, así que al final nos dará escrito el texto que hay que pegar y nos dirá en qué archivo va. Aunque si tenemos alguna de las IA anteriores, le podemos decir que nos lo instale en LM Studio.

Para actualizarlo, hacemos lo mismo, escribimos en el chat: «Actualiza el servidor MCP de OpenWorksheets a la última versión y dime en cuál se ha quedado».

Límites que conviene conocer antes de empezar

Un PDF escaneado da mucho más trabajo. Si la página es una fotografía, sin capa de texto, no hay coordenadas que leer y la IA tiene que colocar los campos mirando la imagen y afinando por aproximación. Sale, pero cuesta varias vueltas. Con un PDF generado desde un procesador de textos, en cambio, es más sencillo.

Las respuestas las propone la IA. En preguntas cerradas suele acertar; en las abiertas, y en cualquier cosa que dependa de un criterio nuestro, hay que revisar la ficha antes de repartirla. La ficha se abre en el editor como cualquier otra y podremos corregir lo que haga falta.

No sustituye al editor, lo alimenta. Lo que devuelve la IA es un .owpkg normal, que se abre en OpenWorksheets, se retoca, se le puede modificar la puntuación y las opciones de corrección, y se comparte como siempre.

Para qué sirve esto realmente

El cuello de botella de las fichas interactivas nunca ha sido la falta de material: el profesorado tiene carpetas llenas de PDF buenos. El cuello de botella es el rato de trabajo mecánico que separa ese PDF del material interactivo, y que hace que muchos no lleguen a dar el paso. Eso es exactamente lo que esto quita de en medio.

Con la ventaja de que no cambia el resto: la ficha resultante es una ficha de OpenWorksheets como cualquier otra, sin cuentas, sin servidores, sin depender de ninguna plataforma.

El servidor es software libre y vive en la carpeta mcp/ del repositorio, con su documentación completa.

Nota: Este artículo tiene nivel 4 en el Marco para la integración de la IA generativa.

Cómo preguntar a la IA sobre tus documentos: un Gemini Notebook en tu propio ordenador

Cualquier persona que trabaje con documentación acumula un fondo de textos que consulta una y otra vez: normativa, actas, memorias, apuntes, artículos. Preguntarle a una inteligencia artificial sobre ese material choca siempre con el mismo muro: hay que subirlo a algún sitio, o pegarlo en la conversación, o confiar en que el modelo lo recuerde de su entrenamiento, cosa que no ocurre.

Este artículo explica qué es un RAG (Retrieval Augmented Generation, en español «generación aumentada por recuperación»), qué es el protocolo MCP (Model Context Protocol, en español «protocolo de contexto del modelo») que hace posible esa conexión, cómo funciona el conjunto y cómo montarlo sin escribir una línea de código.

Si solo quieres las instrucciones, ve directamente a la guía rápida del final: reúne las tres que hacen falta, listas para copiar y pegar. El resto del artículo explica qué hace cada una y por qué, que es lo que permite juzgar si el resultado es bueno.

El código está publicado: el sistema completo que se describe aquí, con un fondo documental de ejemplo ya indexado, está en github.com/jjdeharo/cuadernos-rag, con licencia libre. Quien prefiera verlo antes de leer nada más, puede empezar por ahí.

Pódcast del artículo realizado por Gemini Notebook

Qué es un RAG

Un buscador colocado delante de una inteligencia artificial.

Un modelo de lenguaje, que es el programa que hay detrás de ChatGPT, Claude o Gemini, no puede leer mil páginas cada vez que recibe una pregunta porque no caben en una consulta y, aunque lo hiciese, resultaría lento y costoso. Lo que hace un RAG es localizar primero los pocos fragmentos que hacen falta para responder a esa pregunta concreta, y entregar solo eso. El modelo no aprende los documentos ni los memoriza: los consulta, como haría cualquiera con un libro delante, e indica de dónde ha salido cada afirmación.

La consecuencia práctica es doble. Por un lado, deja de haber límite de volumen: da igual que el fondo documental sean quinientas páginas o veinte mil, porque en cada consulta solo viajan unos pocos fragmentos. Por otro, y más importante, cada respuesta puede citar su fuente. En materia normativa o técnica, una respuesta sin fuente no tiene ningún valor.

Qué es el MCP

Un RAG, por sí solo, es una herramienta de línea de comandos: se le hace una pregunta y devuelve fragmentos. Útil, pero incómodo.

MCP son las siglas de Model Context Protocol, un estándar abierto propuesto por Anthropic a finales de 2024 y adoptado después por los demás asistentes. Resuelve un problema muy concreto: cómo permitir que una IA use herramientas externas sin que haya que programar una integración distinta para cada combinación de herramienta y asistente. Con MCP, quien construye la herramienta la describe una sola vez, y cualquier asistente compatible sabe cómo usarla.

Aplicado a un RAG, el cambio es importante, ya que en lugar de ejecutar búsquedas a mano y pegar los resultados en una conversación, el asistente busca por su cuenta, tantas veces como necesite. Ante una pregunta que cruza tres documentos distintos, hace tres búsquedas con vocabulario distinto, compara lo que encuentra y responde citando cada fuente. El fondo documental deja de ser un archivo aparte y pasa a estar dentro de la conversación.

Un servidor MCP no es más que un programa que declara qué sabe hacer. En el caso de un RAG documental, cuatro operaciones bastan: buscar pasajes, listar los documentos disponibles, ampliar el contexto de un pasaje concreto y recorrer un documento entero. El asistente decide cuándo usar cada una.

Conviene añadir una instrucción que gobierne su uso, porque sin ella el asistente tenderá a responder de memoria. Basta con una regla explícita: no afirmar nada que no proceda de una búsqueda, buscar varias veces reformulando con el vocabulario propio de cada fuente, citar siempre el identificador del pasaje, y decir con claridad cuándo el fondo documental no cubre la pregunta.

Cómo funciona por dentro

Son cuatro piezas, y solo la última tiene que ver con la inteligencia artificial tal y como la entiende la mayoría.

Convertir a texto. PDF, páginas web, documentos de Word, audio transcrito: todo tiene que acabar siendo texto plano. Un PDF no guarda un texto, guarda dónde va cada letra en la página; al leerlo hay que reconstruir el orden, y en tablas o en textos a dos columnas se falla a menudo. Es la pieza menos vistosa y la que estropea el resultado con más frecuencia.

Trocear. Consiste en partir cada documento en fragmentos manejables y, aunque parezca un detalle de poca importancia, es lo que más determina la calidad final. Un troceado rudimentario corta cada mil palabras sin atender a dónde cae el corte, mientras que uno cuidadoso respeta la estructura del texto: en una norma, por ejemplo, un fragmento por artículo. La diferencia se aprecia en cuanto se formula una consulta concreta, porque en el primer caso llega un trozo que empieza a mitad de un artículo y se interrumpe antes de acabar el siguiente, mientras que en el segundo llega el artículo completo, con su título.

Convertir cada fragmento en números. De esto no se encarga un asistente de los que conversan, sino un programa mucho más pequeño, entrenado para una sola tarea: no redacta ni responde nada, solo lee un texto y devuelve números. A cada fragmento le asigna una lista de más de mil números que funciona como unas coordenadas: igual que una latitud y una longitud sitúan un lugar en un mapa, esos números sitúan el fragmento en un espacio donde la posición depende del significado. Los textos que hablan de lo mismo quedan cerca unos de otros, aunque estén escritos con palabras distintas; los que hablan de cosas diferentes quedan lejos.

A partir de ahí, buscar deja de ser comparar palabras y pasa a ser medir distancias. La pregunta se convierte también en un punto de ese mapa, y el sistema devuelve los fragmentos que han quedado más cerca. Por eso una consulta como «¿cuánta gente hace falta para que la reunión sea válida?» encuentra un párrafo que habla del «quorum de constitución», sin que compartan una sola palabra.

Buscar y citar. La búsqueda por significado es muy eficaz y tiene un punto ciego: los nombres propios y las referencias exactas. Ante una consulta por un artículo numerado o por unas siglas, falla, porque esas expresiones no significan nada, solo nombran. Por eso se hacen dos búsquedas a la vez (la de significado y la literal, por palabras) y se combinan los resultados. Después, un segundo modelo igual de mudo, llamado reranker, relee los mejores candidatos junto a la pregunta y los reordena. De ahí salen los fragmentos que se entregan al asistente, cada uno con su procedencia.

Todo esto ocurre en el propio ordenador, y conviene distinguir las tres piezas que intervienen, porque en la jerga a las tres se las llama «modelos» y no son lo mismo:

  • El conversor a números, o modelo de embeddings, que traduce cada fragmento a su lista de coordenadas. Ocupa unos dos gigabytes.
  • El reordenador, o reranker, que afina la lista de candidatos que ha devuelto la búsqueda. Ocupa algo más de uno.
  • El asistente, Claude, ChatGPT, Gemini, que es el que redacta la respuesta final.

Los dos primeros viven en el disco, se descargan una vez y funcionan sin conexión y sin coste. Mientras se consulta, además, se cargan en memoria: conviene tener unos cuatro gigabytes de RAM libres, aparte de los tres y medio que ocupan en el disco. Es un gasto que solo dura lo que dura la consulta, porque un sistema bien montado los suelta cuando pasan unos minutos sin preguntas. No conversan ni generan texto: entra un texto y sale un resultado numérico. Solo el tercero es lo que la mayoría llama «una IA», y no ve el fondo documental entero, sino los pocos fragmentos que la búsqueda le pone delante. Ningún documento sale del equipo.

Cómo montarlo sin saber programar

Hacen falta dos cosas: los documentos y un asistente que trabaje dentro del ordenador, con permiso para escribir programas y ejecutarlos. Hoy hay tres opciones equivalentes, y todas están disponibles tanto en el terminal como en una aplicación de escritorio, para quien prefiera no escribir órdenes:

  • Claude, de Anthropic: la orden claude en el terminal, o la aplicación de escritorio, que reúne tres modos: conversación, Claude Code y Cowork.
  • Codex, de OpenAI: la orden codex en el terminal, o su aplicación de escritorio, disponible para macOS, Windows y Linux.
  • Antigravity, de Google: un entorno de escritorio propio y la orden agy en el terminal, que desde junio de 2026 sustituye al anterior Gemini CLI.

Cualquiera de ellas sirve, y se instalan en un minuto. Lo único que importa es que el asistente pueda leer y escribir ficheros en las carpetas del equipo y ejecutar órdenes en él.

Esas tres son las que montan el sistema, y para eso conviene un modelo potente. Pero una vez montado, quien lo consulta a diario puede ser otro, y ahí entra una cuarta posibilidad: un modelo instalado en el propio ordenador. LM Studio es el camino sencillo, una aplicación de escritorio para Windows, macOS y Linux con una tienda de modelos integrada, que además reconoce el servidor del RAG igual que lo haría cualquier asistente comercial. llama.cpp es la alternativa para quien no quiera aplicación gráfica, con algo más de soltura técnica a cambio.

Merece la pena por una razón concreta. Con un asistente comercial, los documentos no salen del equipo, pero los pocos fragmentos que la búsqueda selecciona viajan con cada pregunta. Para normativa pública da igual; para un expediente o unas actas con nombres propios, no. Con un modelo local no sale nada: ni los documentos, ni los fragmentos, ni las preguntas. El precio es real, eso sí: sin una tarjeta gráfica potente, la respuesta tarda decenas de segundos, y los modelos que caben en un ordenador corriente citan con menos rigor. Para material sensible compensa; para material público, el asistente de siempre responde mejor y antes.

Conviene comprobar un detalle en las modalidades que trabajan dentro de una máquina virtual aislada, como el modo Cowork: si esa máquina es remota, los documentos salen del ordenador, que es justo lo que se pretendía evitar. Las versiones que operan directamente sobre las carpetas locales no plantean ese problema.

A partir de ahí basta con encargar el trabajo. La instrucción que sigue está escrita para el asistente, no para quien la copia: no hace falta entender cada línea, porque cada una le pide una decisión técnica concreta y le impide tomar el atajo de cobrar por el servicio o de subir el material a algún sitio.

Quiero poder preguntarte sobre mis documentos sin que
salgan de mi ordenador. Móntame un RAG local.

Pregúntame dónde están los documentos y decide tú
dónde conviene instalar todo lo demás.

- Todo en local y gratis: embeddings con fastembed
  (multilingual-e5-large) y un reranker multilingüe.
- Índice en SQLite con sqlite-vec y FTS5, búsqueda
  híbrida (significado + palabras exactas) fusionada
  con RRF.
- Trocea respetando la estructura del documento
  (artículos, apartados) y limpia las palabras que
  los PDF parten al maquetar.
- Cada respuesta debe citar documento y artículo.
- Móntalo como servidor MCP, para poder consultarlo
  en lenguaje natural.
- Los dos modelos ocupan más de tres gigabytes en
  memoria y habrá un proceso del servidor por cada
  programa conectado: cárgalos solo en la primera
  búsqueda y suéltalos tras unos minutos sin usarse.
- Que el indexado sea incremental: añadir un
  documento no puede obligar a rehacerlo todo.

Antes de ponerte, mira qué documentos hay y explícame
en lenguaje llano cómo piensas partirlos y por qué.
Si algo de lo que te pido no encaja con este material,
dímelo y propón otra cosa.

Esa última petición es la más importante de todas, y conviene no saltársela: obliga al asistente a enseñar cómo piensa partir los documentos antes de ponerse a trabajar, que es donde se decide casi todo. Basta con leer su propuesta y comprobar que respeta la estructura del material (los artículos de una norma, los puntos del orden del día de un acta, los capítulos de un informe) en lugar de cortar cada tantas palabras.

Las tres condiciones finales también merecen explicación. La de las citas separa una herramienta de consulta de un generador de respuestas plausibles. La de la memoria evita el descuido más caro de todos: un servidor que carga los dos modelos nada más arrancar y se queda con tres gigabytes ocupados aunque nadie pregunte nada, multiplicado por cada programa que lo tenga conectado. Y la del indexado incremental evita un error frecuente: una primera versión que rehace el trabajo entero cada vez que se añade o corrige un documento, con tres cuartos de hora de cálculo en cada ocasión.

La alternativa a construirlo desde cero es partir de algo que ya funciona. El código de un sistema así, con todo lo descrito, está publicado en github.com/jjdeharo/cuadernos-rag bajo licencia libre. Incluye, a modo de ejemplo, un fondo documental de quince normas y guías sobre uso ético y legal de la IA en educación (el RGPD, la LOPDGDD, el reglamento europeo de inteligencia artificial, guías de la Agencia Española de Protección de Datos, marcos de la UNESCO), ya indexado y listo para consultar. Ese ejemplo concreto importa poco: lo aprovechable es la estructura, que sirve igual para actas municipales, bibliografía académica o documentación técnica de una empresa.

Añadir nuevos cuadernos

Esta es la parte que suele quedar sin explicar, y es la que convierte un experimento en una herramienta de uso diario.

Quien viene de Gemini Notebook está acostumbrado a tener un cuaderno por tema: uno de normativa, otro de actas, otro con la bibliografía de un curso. Aquí funciona igual, y con una ventaja: lo que ocupa espacio, que son los programas y los dos modelos, más de tres gigabytes, se instala una sola vez y lo comparten todos los cuadernos. Cada tema nuevo añade únicamente sus documentos y su índice, unos pocos megabytes. No hay límite de cuadernos ni cuota que agotar.

Crear uno nuevo no exige tocar nada por dentro: basta con pedírselo al asistente en la misma conversación de siempre, indicando dónde están los documentos y qué nombre quieres darle. Él prepara la carpeta, convierte los PDF a texto, repara las palabras que la maquetación parte con guiones, descarta lo que no sea texto aprovechable y construye el índice. Un cuaderno de unos cuantos PDF está listo en unos minutos.

La instrucción, otra vez escrita para el asistente y no para quien la copia:

Ya tengo montado el RAG. Quiero un cuaderno nuevo,
aparte del que ya existe.

Los documentos están en <carpeta>. Llámalo <nombre>.

- Aprovecha lo que ya está instalado: los programas,
  el entorno y los dos modelos. No descargues ni
  instales nada otra vez.
- El cuaderno nuevo va aparte: sus documentos y su
  índice, sin tocar los del anterior.
- Trocea y limpia igual que en el primero.
- Déjalo accesible desde el mismo servidor MCP, para
  poder preguntar por su nombre.

Antes de empezar, dime qué documentos has encontrado
y cómo piensas partirlos.

Lo importante es la primera condición. Sin ella, el asistente puede ponerse a instalarlo todo de nuevo, con otra copia de los modelos, y el ordenador acaba con tres gigabytes repetidos por cada cuaderno.

Añadir documentos a un cuaderno que ya existe es todavía más simple: se dejan los ficheros nuevos y se pide que lo actualice. Aquí importa una de las condiciones que se le exigieron al montarlo, la del indexado incremental: el sistema guarda una huella de cada documento y solo procesa los que han cambiado, así que incorporar un PDF cuesta el tiempo de ese PDF, alrededor de un minuto por cada cien mil caracteres, y no el del fondo entero. Sin esa condición, añadir una circular de dos folios obligaría a rehacerlo todo.

Al preguntar, con un solo cuaderno no hace falta decir cuál; con varios, se nombra el que interesa. El asistente los ve todos y, si la pregunta lo pide, puede buscar en el que corresponda.

Cuándo montar un RAG

Con poco material no hace falta montar nada.

Los modelos actuales procesan cientos de miles de palabras de una sola vez. Por debajo de unas trescientas páginas, basta con dejar los documentos en una carpeta y pedirle al asistente que los lea directamente. Buscando por su cuenta, acierta más que cualquier RAG, porque puede leer, releer y afinar la búsqueda tantas veces como haga falta. Entre trescientas y mil quinientas páginas hay una zona intermedia: el material cabe, pero se relee entero en cada pregunta, y eso resulta lento y caro en una consulta diaria, por lo que se aconseja montar el RAG. Por encima de mil quinientas páginas ya no cabe, y el RAG deja de ser opcional.

El criterio es el volumen de texto, no el número de archivos. Cincuenta circulares de dos folios no llegan a cien páginas; tres memorias anuales pueden superar las mil.

Guía rápida

Las tres instrucciones, sin explicaciones. Se pegan tal cual en Claude, Codex o Antigravity, sustituyendo lo que va entre ángulos.

1. Montar el primer cuaderno. Una sola vez.

Quiero poder preguntarte sobre mis documentos sin que
salgan de mi ordenador. Móntame un RAG local.

Pregúntame dónde están los documentos y decide tú
dónde conviene instalar todo lo demás.

- Todo en local y gratis: embeddings con fastembed
  (multilingual-e5-large) y un reranker multilingüe.
- Índice en SQLite con sqlite-vec y FTS5, búsqueda
  híbrida (significado + palabras exactas) fusionada
  con RRF.
- Trocea respetando la estructura del documento
  (artículos, apartados) y limpia las palabras que
  los PDF parten al maquetar.
- Cada respuesta debe citar documento y artículo.
- Móntalo como servidor MCP, para poder consultarlo
  en lenguaje natural.
- Los dos modelos ocupan más de tres gigabytes en
  memoria y habrá un proceso del servidor por cada
  programa conectado: cárgalos solo en la primera
  búsqueda y suéltalos tras unos minutos sin usarse.
- Que el indexado sea incremental: añadir un
  documento no puede obligar a rehacerlo todo.

Antes de ponerte, mira qué documentos hay y explícame
en lenguaje llano cómo piensas partirlos y por qué.
Si algo de lo que te pido no encaja con este material,
dímelo y propón otra cosa.

2. Crear otro cuaderno, reutilizando lo ya instalado.

Ya tengo montado el RAG. Quiero un cuaderno nuevo,
aparte del que ya existe.

Los documentos están en <carpeta>. Llámalo <nombre>.

- Aprovecha lo que ya está instalado: los programas,
  el entorno y los dos modelos. No descargues ni
  instales nada otra vez.
- El cuaderno nuevo va aparte: sus documentos y su
  índice, sin tocar los del anterior.
- Trocea y limpia igual que en el primero.
- Déjalo accesible desde el mismo servidor MCP, para
  poder preguntar por su nombre.

Antes de empezar, dime qué documentos has encontrado
y cómo piensas partirlos.

3. Añadir documentos a un cuaderno que ya existe. Lo más frecuente con el tiempo.

Añade estos documentos al cuaderno <nombre>:
<carpeta o lista de ficheros>

- Trátalos igual que los que ya están: mismo troceado
  y misma limpieza.
- Aprovecha el indexado incremental: procesa solo lo
  nuevo, sin rehacer el índice entero.
- Al terminar, dime qué has añadido y qué documentos
  contiene ahora el cuaderno.

En los tres casos conviene leer lo que responde antes de dejarle continuar. Si su plan no respeta la estructura de los documentos (los artículos de una norma, los puntos del orden del día de un acta), es el momento de decírselo, porque de ese detalle depende la calidad de todas las respuestas posteriores.

Nota: Este artículo tiene nivel 4 en el Marco para la integración de la IA generativa.

OpenWorksheets: una alternativa libre para crear fichas interactivas

OpenWorksheets (OWS) es una aplicación web libre para crear fichas interactivas y autocorregibles a partir de un PDF, una imagen o una hoja en blanco.

Pantalla inicial de OpenWorksheets

El profesorado prepara su ficha, coloca encima los campos de respuesta y define las soluciones. Después, el alumnado la resuelve desde el navegador y el docente puede revisar las entregas, ver la puntuación y exportar los resultados.

OWS tiene como bandera la libertad, privacidad, portabilidad y reutilización sin depender de una plataforma cerrada. No necesita cuentas de usuario ni servidores externos, ya que todo funciona en el navegador del profesorado y en el del alumnado. La comunicación entre ambos se realiza mediante archivos de entrega cifrados, que tienen extensión .owsub (OpenWorksheets submissions) o a través de una URL (también cifrada) que se envía directamente al docente.

Las formas que tenemos para crear una ficha (proyecto) son:

  • Añadir PDF o imagen, esta es la forma habitual. Podemos abrir un PDF o una imagen para dibujar encima los campos autocorregibles de forma que podemos aprovechar documentos ya existentes.
  • Abrir una ficha ya creada con extensión .owpkg (OpenWorksheets package). Podremos continuar trabajando en un proyecto guardado anteriormente.
  • Comenzar con una hoja en blanco sobre la cual podremos crear nuestra ficha.
  • Crear con IA (prompt) permite producir una ficha a partir de una página en blanco con los parámetros que definamos (nivel, tema, tipos de campos deseados, etc.). Se utilizan los tipos de campo que pueden generarse automáticamente; quedan fuera los que dependen directamente de recortes o zonas del PDF. OWS generará un prompt que podremos pegar en nuestra IA de cabecera. No hay que instalar nada.
  • Crear o convertir fichas con IA (MCP). Es el camino más potente y el único que puede partir de un documento propio: instalando el servidor MCP de OpenWorksheets, la IA abre nuestro PDF o nuestra imagen, coloca los campos encima, cada uno en su sitio, y nos enseña el resultado antes de guardarlo. También puede inventar la ficha entera desde cero sobre hojas en blanco. El archivo no se sube a ningún servicio, lo abre nuestro propio ordenador, aunque la IA sí ve el contenido de las páginas para poder trabajar. Requiere instalar un programa una sola vez, y se explica en un artículo aparte.

Además, las fichas pueden guardarse como archivo propio (.owpkg), exportarse como página web autónoma y compartirse mediante enlace (previa subida a la nube obteniendo un enlace público), como web incrustada en otra o integrarse en Moodle y otros LMS mediante SCORM 1.2.

La aplicación admite muchos tipos de respuesta: texto corto, respuesta numérica, fórmulas matemáticas o químicas, verdadero/falso, opción única o múltiple, desplegables, huecos, tablas editables, emparejamientos, ordenar elementos, arrastrar a zonas, unir con flechas, respuesta larga y grabación de voz. También permite insertar imágenes, audio, vídeo, contenido HTML, paquetes de eXeLearning, IMS CP y SCORM.

Como profesor de matemáticas y ciencias, soy especialmente sensible a la posibilidad de crear fórmulas. Cualquier texto de la ficha puede incluir fórmulas LaTeX. Además, el editor de fórmulas de elaboración propia, EdiCuaTeX, se integra de forma natural para permitir la edición visual sin conocimientos de LaTeX, tanto en la parte del profesorado como en la del alumnado. No obstante, soy consciente de que una gran parte del profesorado no usará nunca fórmulas en sus fichas, por ese motivo se pueden desactivar en la configuración de la ficha.

OpenWorksheets también incorpora opciones de seguridad y privacidad: cifrado de la ficha, cifrado de entregas, verificación de integridad, restricciones de acceso, tiempo límite y supervisión ligera durante la realización. Un semáforo de seguridad indica su nivel en la barra superior.

Flujo de trabajo

El flujo de trabajo más habitual es compartir la ficha mediante un enlace o código QR:

  1. El profesor crea la actividad en el editor a partir de un PDF, una imagen, IA o una hoja en blanco.
  2. Añade los campos de respuesta y configura las soluciones, la puntuación y las opciones de corrección.
  3. Exporta la ficha como paquete .owpkg.
  4. Sube ese paquete a Google Drive o a otro alojamiento público.
  5. En Google Drive, activa la opción Cualquier persona con el enlace y copia la URL pública del archivo.
  6. Pega esa URL en OpenWorksheets para generar el enlace final del alumnado.
  7. Comparte ese enlace con los estudiantes.
  8. El alumnado abre la ficha en el navegador, la completa y entrega sus respuestas mediante archivo o enlace de entrega.
  9. El docente abre las entregas en OpenWorksheets, comprueba su integridad, revisa las respuestas, ajusta las correcciones manuales si las hay y exporta los resultados a CSV.

Además de este flujo principal, OpenWorksheets permite otras formas de uso:

  • Exportar la ficha como página web autónoma, para publicarla a través de una página web.
  • Integrarla en Moodle u otro LMS mediante SCORM 1.2.
  • Exportarla como IMS Content Package.
  • Embeberla en otra página mediante un iframe.
Cuadro de diálogo para compartir una ficha. Antes se tiene que subir la ficha a un servicio público de almacenamiento como Google Drive.

OpenWorksheets permite crear, compartir y corregir fichas interactivas con un enfoque abierto, portable y respetuoso con la privacidad. La intención es que el profesorado pueda conservar el control sobre sus materiales y utilizarlos en distintos contextos, sin depender de una plataforma cerrada.

Puedes ver una descripción de las posibilidades más completa en la página de las características del programa.

Nota: Este artículo tiene nivel 4 en el marco MIAE.

Creación de recursos educativos adaptativos mediante vibe coding

Este artículo ha sido ampliado y reemplazado por Metodología para la creación de sistemas educativos adaptativos bayesianos

Los recursos educativos adaptativos permiten que una actividad cambie según las respuestas del alumno. En este artículo veremos dos ejemplos y un protocolo para crear este tipo de recursos con IA. Para el que lo desee hay también un anexo matemático con la metodología utilizada.

Introducción a los recursos adaptativos

Los recursos educativos suelen ser lineales, por ejemplo, un test de evaluación es el mismo para todos. De la relación entre aciertos y errores obtendremos una calificación y, con suerte, un análisis de lo que cada alumno ha fallado y lo que le conviene mejorar.

Si esa misma evaluación la hacemos adaptativa, el sistema se acomoda a las respuestas del alumno, aprende de sus fallos y aciertos y ambos se convierten en información: El sistema debe usar las respuestas del alumno como evidencias para actualizar hipótesis sobre su estado de aprendizaje. Estas hipótesis pueden ser niveles de aprendizaje, de dificultad, errores conceptuales, etc. El sistema adaptativo no hace las mismas preguntas a todos, sino que las adapta según las respuestas realizadas hasta el momento por el alumnado.

El sistema adaptativo aprende de las respuestas del alumno para proponerle preguntas adaptadas a su nivel, de refuerzo si detecta errores o de ampliación y continuación más avanzada si detecta que puede hacerlo.

Esto puede hacerse con cualquier recurso, no estamos limitados a la evaluación. Por ejemplo, con un itinerario de aprendizaje, un juego educativo, un tutorial interactivo y cualquier recurso educativo digital en el que tenga sentido la adaptación a las diferentes tipologías y necesidades del alumnado.

Ejemplo 1: Test adaptativo para la evaluación diagnóstica

Hemos hecho dos ejemplos. El primero es un test de evaluación de cultura general. Fue el primero, hecho a modo de demo educativa, y permite evaluar nuestros conocimientos en tres niveles: básico, medio y avanzado. Cada vez que respondemos una pregunta, el sistema nos hace otra, de forma que la información que recibe de la respuesta es máxima para conocer nuestro nivel. De esta forma va adaptando las preguntas hasta que tiene información suficiente para decidir el nivel que tenemos en este tema. Para que esto sea significativo, las preguntas deben estar correctamente clasificadas en los 3 niveles. Las preguntas han sido generadas mediante IA, pero podríamos habérselas suministrado ya clasificadas cada una en su nivel.

El programa no solo determina el nivel del usuario, proporcionando el porcentaje de la probabilidad de pertenencia a cada uno, sino que crea un informe con aquellos aspectos en los que se puede mejorar y los que ya se dominan. Estos aspectos son los diferentes temas motivo de las preguntas (ciencias, historia, etc.).

Es importante remarcar que 7/10 no debe entenderse como una nota, ya que las preguntas han sido hechas para diagnosticar el nivel de conocimientos y lo que realmente importa es el nivel alcanzado. De ahí que sea una evaluación diagnóstica, pero no calificadora. Podríamos tener notas superiores o inferiores, de forma un tanto aleatoria, según los niveles en los que hubiésemos respondido. Es decir, un alumno que solo es capaz de responder cuestiones de nivel básico podría sacar un 8/10 y otro capaz de responder preguntas con más dificultad un valor inferior, precisamente porque, al ser capaz de responder preguntas más complejas, se le han hecho más de este tipo. Estas preguntas han servido para hacer un diagnóstico, pero no determinan una nota. No se hace un número fijo de preguntas; cuando el sistema tiene la certeza de que el alumno pertenece a una categoría determinada, entonces para de hacerlas. En el anexo se explica con más detalle el método utilizado.

Ejemplo 2: Itinerario adaptativo

El siguiente ejemplo es una aplicación, llamada Despejar la incógnita x, que permite practicar la técnica para despejar incógnitas en una ecuación de primer grado. El itinerario consta de tres etapas.

En primer lugar, muestra la técnica que se usará en cada etapa. Se le pueden pedir tantos ejemplos resueltos como se quiera.

Cuando se decide practicar la etapa, el sistema examina las respuestas para determinar si se domina o no la técnica correspondiente. En este programa se ha limitado a un mínimo de 4 respuestas para el que las resuelva correctamente y un máximo de 10 para el que no.

En el caso de no superar una etapa, el programa dará la oportunidad de repetirla de nuevo o continuar con el resto del itinerario.

Una vez terminadas las 3 etapas, el sistema da una indicación del progreso (iniciando, avanzando o dominando) y un informe de los puntos fuertes y débiles.

Debemos destacar que el número de ejercicios propuestos, las ayudas recibidas y el avance por las etapas vienen determinados por las respuestas del alumno. El itinerario mantiene una estructura progresiva, pero se adapta dentro de cada etapa y decide cuándo conviene avanzar, reforzar o repetir.

Cómo crear aplicaciones educativas con vibe coding

Hemos preparado la web Recursos educativos adaptativos bayesianos desde donde podrás descargar el archivo llamado Protocolo de recursos adaptativos bayesianos, con instrucciones para la inteligencia artificial. Este archivo deberás proporcionárselo a la IA para que sepa qué debe hacer. Este mismo documento lo puedes consultar en formato web en la página anterior.

Casi con toda seguridad, la inteligencia artificial no hará bien el programa a la primera, por lo que deberás comprobar si lo que ha hecho se adapta a tus necesidades y, a través del diálogo con la IA, adaptar el recurso hasta que esté realmente preparado.


Pódcast del artículo realizado por NotebookLM

Anexo: Metodología matemática utilizada

Esta parte solo es para los interesados en conocer los entresijos matemáticos que forma la metodología adaptativa utilizada por el protocolo anterior.

Inferencia bayesiana

El teorema de Bayes permite actualizar la probabilidad de una hipótesis cuando obtenemos una nueva evidencia. Es decir, partimos de una idea inicial sobre el nivel (o la categoría que hayamos definido) del alumno y la vamos modificando a medida que responde preguntas.

En un recurso adaptativo, las hipótesis pueden ser, por ejemplo: el alumno tiene un nivel básico, medio o avanzado.

Al comenzar, el sistema todavía no sabe cuál de estas hipótesis es la más probable, así que se asigna la misma probabilidad a todos:

  • \(P(\text{básico}) = 33.3%\)
  • \(P(\text{medio}) = 33.3%\)
  • \(P(\text{avanzado}) = 33.3%\)

Estas probabilidades iniciales se llaman probabilidades previas. Representan lo que el sistema cree antes de observar la respuesta del alumno.

Cuando el alumno contesta una pregunta, aparece una nueva evidencia, ya que ha acertado o ha fallado una pregunta de cierto nivel. Esa respuesta modifica las probabilidades anteriores. Si acierta una pregunta avanzada, aumentará la probabilidad de que pertenezca al nivel avanzado. Si falla varias preguntas básicas, aumentará la probabilidad de que necesite refuerzo en ese nivel.

En forma matemática, el teorema de Bayes se expresa así:

\[
P(H \mid E) = \frac{P(E \mid H) \cdot P(H)}{P(E)}
\]

  • Donde \(P(H \mid E)\) es la probabilidad de la hipótesis después de observar la evidencia. En nuestro caso, sería la probabilidad de que el alumno tenga un determinado nivel después de ver su respuesta.
  • \(P(H)\) es la probabilidad previa de esa hipótesis, antes de la respuesta.
  • \(P(E \mid H)\) es la probabilidad, llamada verosimilitud, de observar una determinada respuesta del alumno si una hipótesis concreta fuera cierta. Por ejemplo, qué probabilidad habría de que un alumno de nivel avanzado acertara una pregunta avanzada.
  • \(P(E)\) es la probabilidad de observar esa evidencia, sin saber todavía cuál es el nivel real del alumno. En nuestro ejemplo, sería la probabilidad global de que el alumno acierte una pregunta avanzada, antes de decidir si pertenece al nivel básico, medio o avanzado.

Aplicado a un test adaptativo, el razonamiento sería el siguiente:

Si un alumno fuera de nivel avanzado, sería bastante probable que acertara esta pregunta difícil.
Si fuera de nivel básico, sería poco probable que la acertara.
Como la ha acertado, aumenta la probabilidad de que sea de nivel avanzado.

Y al contrario:

Si un alumno falla una pregunta básica, esa respuesta es más compatible con la hipótesis de que necesita refuerzo. Por tanto, el sistema aumenta la probabilidad de que esté en un nivel inicial o de que tenga dificultades en ese contenido.

Lo importante es que el sistema no toma una única respuesta como definitiva. Cada respuesta modifica un poco el diagnóstico. Después de varias preguntas, las probabilidades se van separando: una hipótesis gana peso y otras lo pierden.

Por ejemplo, después de varias respuestas, el sistema podría obtener algo así de un alumno en particular:

  • \(P(\text{básico}) = 12%\)
  • \(P(\text{medio}) = 31%\)
  • \(P(\text{avanzado}) = 57%\)

Esto no significa que el alumno tenga una nota de 5,7 ni que haya acertado el 57 % de las preguntas. Significa que, según las respuestas observadas, el sistema considera que la hipótesis más probable es que el alumno se encuentre en el nivel avanzado.

Esta es la diferencia principal respecto a un test tradicional. En un test lineal, las respuestas se acumulan para obtener una puntuación. En un test adaptativo bayesiano, las respuestas se utilizan como evidencias para actualizar un diagnóstico.

El mismo principio puede aplicarse a otros tipos de recursos. En un itinerario de aprendizaje, la hipótesis no tiene por qué ser “nivel básico, medio o avanzado”, sino que puede ser “domina la técnica”, “está en proceso” o “necesita refuerzo”. Cada ejercicio resuelto aporta una nueva evidencia y permite decidir si conviene avanzar, repetir, ofrecer una explicación adicional o proponer actividades de mayor dificultad.

La inferencia bayesiana permite que el recurso educativo no siga un camino fijo, sino que tome decisiones a partir de la información que va obteniendo del alumno.

Verosimilitudes y modelo IRT 3PL

Para que Bayes actualice las probabilidades, el sistema calcula las verosimilitudes. En las preguntas o actividades organizadas por niveles de dificultad, estas verosimilitudes se generan mediante el modelo IRT 3PL (Item Response Theory, three-parameter logistic model), es decir, el modelo logístico de tres parámetros de la teoría de respuesta al ítem.

La idea general es que la probabilidad de acertar una pregunta aumenta cuando el nivel hipotético del alumno supera la dificultad de la pregunta, y disminuye cuando la dificultad supera el nivel hipotético del alumno.

El modelo usado es:

\[
P(\text{acierto}\mid H_i,q)=
c_q+(1-c_q)\cdot
\frac{1}{1+e^{-a(\theta_i-b_q)}}
\]

Donde \(\theta_i\) representa numéricamente la hipótesis o nivel \(H_i\), \(b_q\) representa la dificultad de la pregunta o actividad, \(a\) es el parámetro de discriminación y \(c_q\) es la probabilidad mínima de acierto por azar.

En el modelo IRT 3PL, estos tres parámetros tienen una función concreta: \(b_q\) sitúa la dificultad del ítem, \(a\) indica cuánto discrimina entre niveles próximos y \(c_q\) establece el suelo de probabilidad de acierto.

En preguntas de opción múltiple, este suelo se calcula a partir del número de opciones:

\[
c_q=\frac{1}{m_q}
\]

Por ejemplo, en una pregunta de cuatro opciones:

\[
c_q=\frac{1}{4}=0{,}25
\]

Esto significa que la probabilidad de acierto no se considera inferior al 25 %, porque incluso un alumno que responde al azar tiene esa probabilidad de acertar.

Si el alumno falla, se usa la probabilidad complementaria:

\[
P(\text{fallo}\mid H_i,q)=1-P(\text{acierto}\mid H_i,q)
\]

Estas probabilidades de acierto y fallo son las verosimilitudes que utiliza Bayes para actualizar el diagnóstico.

El modelo IRT 3PL no sustituye al teorema de Bayes. Su función es generar las verosimilitudes que Bayes necesita para hacer la actualización.

En recursos que no son tests, la misma lógica se aplica a preguntas, pasos, retos o actividades autocorregibles, siempre que se representen mediante una dificultad, una respuesta observable y una interpretación del resultado. La evidencia es un acierto, un fallo, un paso superado, una pista solicitada, un intento adicional o un error detectado, siempre que el recurso haya definido cómo se traduce esa actuación en una evidencia utilizable.

Cuando las hipótesis no son niveles ordenados, por ejemplo, distintos errores conceptuales, el modelo IRT 3PL no es el adecuado, porque presupone una escala común de nivel o dominio. En esos casos, las verosimilitudes se definen según la relación diagnóstica entre cada actividad y cada hipótesis. La actualización bayesiana sigue siendo la misma; lo que cambia es la forma de obtener las verosimilitudes.

Entropía de Shannon

La incertidumbre del sistema se mide mediante la entropía de Shannon:

\[
H=-\sum_i p_i\log_2(p_i)
\]

Donde \(p_i\) es la probabilidad actual de cada hipótesis.

Cuando las probabilidades están muy repartidas, la entropía es alta. Por ejemplo, si básico, medio y avanzado tienen probabilidades parecidas, el sistema todavía no tiene un diagnóstico claro.

Cuando una hipótesis concentra la mayor parte de la probabilidad, la entropía baja. En ese caso, el sistema tiene más seguridad sobre el estado del alumno.

La entropía se usa para tres cosas: medir la incertidumbre del diagnóstico, seleccionar actividades que aporten información y decidir si el proceso finaliza.

Selección adaptativa y ganancia de información

Después de actualizar las probabilidades, el sistema decide qué pregunta, explicación, pista, ejercicio o actividad presenta a continuación.

Esta selección no se basa simplemente en subir la dificultad tras un acierto y bajarla tras un fallo. El método utilizado es la ganancia esperada de información. Es decir, el sistema estima qué actividad reduce más la incertidumbre sobre el estado del alumno.

Como la incertidumbre se mide con la entropía de Shannon, la ganancia de información se calcula como una reducción esperada de entropía. De forma simplificada:

\[
IG(q)=H(\text{antes})-H(\text{después, esperado})
\]

Para cada posible actividad, el sistema calcula qué ocurre si el alumno la supera y qué ocurre si no la supera. En cada caso estima cómo cambian las probabilidades de las hipótesis y qué entropía tiene la nueva distribución. Después compara la entropía actual con la entropía esperada tras esa actividad.

La actividad más adecuada es la que distingue mejor entre las hipótesis que todavía son plausibles. Por eso, la mejor pregunta no siempre es la que coincide exactamente con el nivel más probable. Si el sistema duda entre nivel medio y avanzado, una pregunta difícil resulta más informativa que una pregunta media. Si duda entre nivel básico y medio, selecciona una pregunta más sencilla o intermedia.

Cuando varias actividades tienen una ganancia de información muy parecida, el sistema introduce diversidad de contenidos. Así evita repetir siempre el mismo tipo de pregunta o el mismo concepto cuando hay varias opciones igualmente útiles.

Criterio de parada y resultado final

El proceso se detiene cuando el sistema alcanza una confianza suficiente, cuando la entropía baja por debajo de un umbral previsto, cuando se llega al número máximo de preguntas o pasos, o cuando las actividades disponibles ya no aportan información relevante.

El resultado final no se limita a una etiqueta ni a una puntuación. Se presenta como una interpretación pedagógica: qué parece dominar el alumno, qué dificultades muestra, qué conviene reforzar y con qué grado de seguridad se propone el diagnóstico.

Si la incertidumbre sigue siendo alta, el sistema lo indica claramente. En ese caso, el resultado se presenta como una estimación provisional basada en las evidencias disponibles, no como una conclusión definitiva.

Esta es la diferencia principal respecto a un recurso educativo lineal. En una secuencia fija, todos los alumnos recorren el mismo camino y sus respuestas solo sirven para avanzar, retroceder o recibir una puntuación. En un recurso adaptativo bayesiano, cada respuesta o actuación se utiliza como evidencia para actualizar un modelo del estado del alumno y decidir cuál debe ser el siguiente paso: una nueva pregunta, una explicación, una pista, una actividad de refuerzo, una propuesta de ampliación, un cambio de itinerario o una recomendación de recursos.

Nota: El texto del artículo tiene nivel 1 en el Marco para la integración de la IA generativa y el anexo nivel 4.

Este artículo ha sido ampliado y reemplazado por Metodología para la creación de sistemas educativos adaptativos bayesianos

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